¿Cuáles son los encierros de toros más antiguos de España?

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Hablar de los encierros de toros más antiguos no es solo citar fechas en un archivo municipal, es hablar de la identidad de España. Es el momento en que el hombre mide su valor frente a la fuerza de la naturaleza en un escenario abierto.

Desde Toros Las Ventas, con este post recorremos los anales de la historia para descubrir dónde nació esta tradición y cuáles son las localidades que guardan con celo el honor de ser las pioneras.

Tabla de Contenidos

Cuéllar: La cuna documentada del encierro

Si hay un nombre que brilla con luz propia al hablar de los encierros de toros más antiguos, ese es Cuéllar, en Segovia. No se trata de una afirmación romántica, sino de una realidad avalada por documentos que datan del año 1215.

En el siglo XIII, el Obispado de Segovia dictó unos decretos que prohibían a los clérigos participar en juegos de toros, lo que demuestra que ya en esa época la carrera de los animales por las calles era una práctica socialmente arraigada. Cuéllar ostenta, con orgullo y por derecho propio, el título de «Los encierros de toros más antiguos de España».

El rito cuellarano: Campo y asfalto

Lo que hace especial a Cuéllar no es solo su antigüedad, sino la pureza de su ejecución. El encierro se divide en dos fases:

  • El traslado por el campo: Los caballistas conducen a la manada a través de los pinares y campos castellanos, un alarde de pericia ganadera que nos transporta a la Edad Media.
  • El tramo urbano: Una vez que los toros entran en el pueblo, comienza la carrera a pie, donde la adrenalina y la proximidad con el astado definen la experiencia.

El origen medieval: ¿Por qué empezaron los encierros?

Para entender cuáles son los encierros de toros más antiguos, debemos comprender su función original. En los siglos XII y XIII, no existían los camiones de transporte. Los toros destinados a los festejos (ya fueran bodas reales o celebraciones religiosas) debían ser conducidos a pie por pastores y vaqueros.

A medida que la comitiva se acercaba al pueblo, los jóvenes más intrépidos salían al encuentro de la manada para correr delante de los toros, desafiando el peligro. Lo que empezó como una labor logística se convirtió en el espectáculo central de las fiestas patronales. Esta evolución ocurrió de forma casi simultánea en diversos puntos de las dos Castillas y Navarra, dando lugar a los encierros de toros más antiguos que hoy conocemos.

Fermoselle y la tradición de los Arribes

En la provincia de Zamora, la localidad de Fermoselle reclama también su lugar en la historia. Sus encierros están documentados desde 1523, aunque la tradición oral los sitúa mucho antes.

La particularidad de Fermoselle es su orografía: calles empinadas y estrechas que convierten la carrera en un ejercicio de agilidad extrema. Aquí, el encierro se vive con un fervor casi religioso, manteniendo intacta la esencia de los encierros de toros más antiguos de la zona leonesa.

Pamplona: La fama mundial de San Fermín

Resulta imposible hablar de tauromaquia popular sin mencionar Pamplona. Aunque los Sanfermines son los más famosos del planeta, no son técnicamente los encierros de toros más antiguos en términos documentales si los comparamos con Cuéllar, pero su importancia histórica es incuestionable.

Los primeros registros de los encierros pamploneses aparecen en el siglo XIV. Originalmente, se celebraban en octubre, pero en 1591 se trasladaron a julio para aprovechar el buen tiempo. La internacionalización llegó mucho después, de la mano de Ernest Hemingway, pero la base del encierro de Pamplona, el respeto al toro y la organización milimétrica es heredera directa de la tradición medieval.

Brihuega y el encierro de campo más antiguo

Viajamos a Guadalajara, al «Jardín de la Alcarria«. Brihuega celebra el que es considerado uno de los encierros de toros más antiguos y espectaculares de España, declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional. Su origen se remonta al siglo XVI.

A diferencia del encierro urbano convencional, el de Brihuega destaca por su recorrido por el campo y la subida de la manada al parque de «La Boquilla». Es una exhibición de poderío físico tanto de los animales como de los mozos y caballistas. El aficionado que busca la pureza del comportamiento del toro en libertad encuentra en Brihuega una cita ineludible.

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Medina del Campo: La fuerza de la tradición vallisoletana

Valladolid es tierra de toros por excelencia, y Medina del Campo es su baluarte. Sus encierros están documentados desde 1490 y forman parte de la identidad de la Villa de las Ferias. Al igual que en Cuéllar, el componente campero es esencial. Ver a la manada atravesar el río Zapardiel es una estampa que evoca la longevidad de los encierros de toros más antiguos de la meseta norte.

Otros focos de antigüedad: El caso de Portillo y Beas de Segura

No podemos olvidar otras localidades que, aunque con menos proyección mediática, mantienen viva la llama de los encierros de toros más antiguos.

  • Portillo (Valladolid): Registros del siglo XV avalan su tradición.
  • Beas de Segura (Jaén): Con su «Toro de San Marcos», donde la modalidad de encierro ensogado tiene raíces que algunos historiadores vinculan con ritos paganos de fertilidad, siendo de los más singulares y longevos de Andalucía.

La evolución del encierro: De la necesidad al arte

A lo largo de los siglos, los encierros de toros más antiguos han sabido adaptarse sin perder su alma. Lo que antes era una carrera desordenada hoy cuenta con vallados de seguridad, servicios médicos de primer nivel y una regulación estricta para garantizar el bienestar animal y la seguridad del corredor.

Sin embargo, el sentimiento sigue siendo el mismo. Cuando suena el cohete que anuncia la salida de los toros en Cuéllar, Medina o Pamplona, el tiempo se detiene. Es esa conexión con el pasado lo que mantiene viva la afición. Como abonados de Las Ventas, entendemos que el toro que sale por la puerta de chiqueros es el mismo que, siglos atrás, recorría los campos de Castilla escoltado por valientes a caballo.

Conclusión: Un patrimonio que nos pertenece

España es un mosaico de tradiciones taurinas donde cada pueblo aporta su matiz, su técnica y su historia. Desde los pinares segovianos hasta las calles adoquinadas de Navarra, el encierro es la prueba de que el toro bravo es el eje vertebrador de nuestras fiestas.

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Desde la web de Toros las Ventas, te invitamos a que esta temporada no solo disfrutes de las corridas en la Monumental, sino que también te acerques a estos pueblos que guardan la memoria de los encierros de toros más antiguos. Es allí donde se comprende la magnitud de la fiera y la pasión de un pueblo que se niega a olvidar sus raíces.

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